dimecres, 2 d’abril de 2014


EL Y YO


San Sebastián, nov. 2013


Recuerdo un otoño, cuando se comenzaba a sentir el aire frío que venía del mar y su espuma salada inundaba mis pies helándolos. Lo miré con odio y desafiante y él me empapó de tiempos eternos, muy suavemente acariciaba la piel del agua. 

Sentada en esa roca que, por tantos años fue como un altar, como un icono. Cuántas cosas le contaba, me confesaba frente a él. 

En verano me daba miedo cuando me invitaba a penetrarlo. Me sentía tan débil ante él, tan sola en la inmensidad.

Junto al mar he visto nacer el sol en el horizonte, llorado despedidas interminables, junto a él he sentido rondar los ángeles y los demonios. He llorado por amor y él me ha contado mil 

historias.

Pasaba horas mirando, observando los pescadores con sus barcas precarias
perderse entre las olas.

En el cielo se veían unos nubarrones negros desafiantes. Nunca lo vi tan enfurecido, las olas eran de una altura espantosa.